LA VIRGEN DE LOURDES…

…dice: 
«Haced penitencia, haced oración…»
Ella, nuestra Madre, la Inmaculada Concepción, comprende como nadie la gravedad del pecado, el dolor que inflige en el Corazón del mismo Dios. Por eso baja a la tierra compadecida de sus hijos desvalidos, y siempre con un mensaje que invita a la conversión, a dejarnos inundar y transformar por el amor de Dios, del que Ella es rostro materno.
 Este amor nos empujará a reparar las ofensas y el daño que causamos con nuestros pecados, no sólo como individuos si no como hermanos, como fraternidad universal. Y por eso nos pide penitencia y oración por los pecadores.

El Amor del Corazón de su Hijo y de su Corazón Inmaculado por las almas llega hasta los límites del sufrimiento, y sólo uniéndonos a este sufrimiento podemos agradar a Dios ofreciéndonos como víctimas en unión con su Hijo  para que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.