ESTOS QUE ESTÁN VESTIDOS CON VESTIDURAS BLANCAS…

…¿Quiénes son y de dónde han venido?
Alegrémonos
todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos
;
 y se
trata de una gran alegría , como la de quien se
encuentra en una gran familia donde sabe que hunde sus propias raíces…».
Esta gran familia es la de los santos: los
del Cielo y los de la tierra.
La
Iglesia, nuestra Madre, nos invita hoy a pensar en aquellos que, como nosotros,
pasaron por este mundo con dificultades y tentaciones parecidas a las nuestras,
y vencieron.
Es esa muchedumbre inmensa
que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua
, según nos
recue
rda el Apocalipsis. Todos están marcados
en la frente y vestidos con vestiduras blancas, lavadas en la sangre del Cordero
.

La marca y los vestidos son símbolos del Bautismo que imprime en el hombre,
para siempre, el carácter de la pertenencia a Cristo, y la gracia renovada y
acrecentada por los sacramentos y las buenas obras.

Muchos
Santos de toda edad y condición- han sido reconocidos como tales por la
Iglesia, y cada año los recordamos en algún día preciso y los tomamos como
intercesores para tantas ayudas como necesitamos.
Pero hoy festejamos, y
pedimos su ayuda, a esa multitud incontable que alcanzó el Cielo después de
pasar por este mundo sembrando amor y alegría, sin apenas darse cuenta de ello;
recordamos a aquellos que, mientras estuvieron entre nosotros, hicieron, quizá,
un trabajo similar al nuestro: oficinistas, labriegos, catedráticos,
comerciantes, secretarias…;
también tuvieron dificultades parecidas a las
nuestras y debieron recomenzar muchas veces, como nosotros procuramos hacer; y
la Iglesia no hace una mención nominal de ellos en el Santoral.
A la luz de la
fe, forman «un grandioso panorama: el de tantos y tantos fieles laicos a menudo
inadvertidos o incluso incomprendidos; desconocidos por los grandes de la
tierra, pero mirados con amor por el Padre; hombres y mujeres que, precisamente
en la vida y actividad de cada jornada, son los obreros incansables que
trabajan en la viña del Señor; son los humildes y grandes artífices por la
potencia de la gracia, ciertamente del crecimiento del Reino de Dios en la
historia».
Son, en definitiva, aquellos que supieron «con la ayuda de
Dios conservar y perfeccionar en su vida la santificación que recibieron» en
el Bautismo.