ESTE ES…

… mi Hijo amado

El camino que hemos recorrido durante estos días de Adviento
y Navidad nos ha llevado de la mano de José y María a postrarnos ante el Rey de
reyes, que nace en un establo y es recostado en un pesebre, en una humilde
ciudad llamada Belén.

 


Como los pastores nos hemos acercado al portal y hemos
encontrado a Dios, hecho Niño por nosotros, en Brazos de una Virgen Madre
que
nos lo ofrece para que con ella le entreguemos nuestro amor.

Hemos seguido la Luz de la Verdad que ilumina a todo aquel
que la busca con sincero corazón y junto con los Magos de Oriente nos hemos
puesto de rodillas ante un Bebé para reconocer su realeza y su divinidad que ha
tomado nuestra carne.

Y hoy contemplamos como este Rey de reyes, Dios y tierno
corderillo blanco se esconde en la cola de los pecadores como uno más, aunque él no tienen pecado, y le
pide a Juan que lo bautice. El será quien más tarde diga “uno que está limpio
no tiene necesidad de ser lavado, pero Él siendo en todo inmaculado nos da
ejemplo de conversión haciéndose uno más, y es entonces proclamado “El Hijo
amado a quien debemos escuchar” 
por el
Padre del cielo, como en un estallido de amor de Dios Trinidad que no puede ser
contenido.