… DIVINA LUZ Y ENRIQUECENOS!!!
Para ser testigos del amor de Dios en el mundo basta con abrir el corazón al don del Espíritu. Los movimientos que se generan dentro de nosotros suscitando deseos, pasiones, sentimientos… son el resultado de la presencia de la gracia de Dios, son un don que viene con la vida, son del Espíritu Santo.
El amor, la alegría, la paz, la paciencia, bondad y fidelidad, no son obras nuestras, no son el resultado de nuestro esfuerzo, sino frutos y dones que brotan del árbol del Espíritu y nos cambian la vida, nos convierten en criaturas nuevas en Cristo Jesús, para ser testigos de su amor en el mundo. Nosotros lo vivimos, lo llevamos a término, pero es Él quien lo produce en nosotros. Esta es la gran obra maestra del Espíritu, el hombre nuevo sediento del Evangelio.
