Hubo algún tiempo que pensé que había dejado algo por seguir este camino. Pero ahora, Dios me ha hecho comprender que no he dejado nada, porque no tenía nada y ahora lo tengo todo con Él.
El Señor, me encontró en el camino, me miró con ternura, me cargó en sus brazos y me adentró en su corazón y ésa es mi casa.
Sentí una gran necesidad de ser feliz, de ser verdaderamente feliz, y poco a poco me di cuenta de que esa felicidad sólo la iba a encontrar junto al que es el Amor y la felicidad.
A la familia, a los amigos no se les deja, se les ama aún más, lo demás, es un estorbo.
Como dice el Hno. Rafael: «El mundo dice al monje: «Estás loco, lo dejas todo, y hallas tu contento en nada.» Pero el monje le dice al mundo: «No es así, sino todo lo contrario…, dejo lo que no es nada para tenerlo todo.»
