
Del Evangelio según san Lucas. Lc 12, 49-53
Si TÚ estás, Señor, nada me cansa, nada me frena, y vuelo hacia Ti por el camino de la felicidad. Así, ¿quién pierde el ánimo si Tú estás? Sé Tú, Señor, siempre la fuente de mi alegría. Mantén, Señor, mi fe…
Quiero caminar Contigo, Señor, fijos los ojos en Ti, que guías mis pasos con la luz de la fe, y desde mi corazón y desde tu Palabra; desde mis amigos y desde mis enemigos; desde la Iglesia y desde mis vecinos; me invitas a colmarla.
Tú que soportas la Cruz sin miedo y soportas todas mis oposiciones, me dices siempre: «No tengas miedo», Tú que tiendes tus brazos omnipotentes y llenos de Amor hacia mí para que me deshaga del lastre que me estorba, del pecado que me ata y me impide volar a Ti.
Yo, Señor, a veces no sé renunciar al gozo inmediato por un gozo permanente y eterno, el Tuyo. Pero Tú no te cansas y no dejas de enseñarme que así no puedo volar. Entonces vienes, y en lugar de acusarme, me animas; en lugar de rechazarme, me invitas a no cansarme; en lugar de reprenderme, me ayudas a no perder los ánimos.
Y es cierto, así lo compruebo una y mil veces: si TÚ estás, Señor, nada me cansa, nada me frena, y vuelo hacia Ti por el camino de la felicidad. Así, ¿quién pierde el ánimo si Tú estás? Sé Tú, Señor, siempre la fuente de mi alegría. Mantén, Señor, mi fe.