«Cuántas veces tenemos necesidad de que el Amor nos diga: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura…, y es ahí donde está la muerte.
No busquemos ahí a Aquel que vive. Acepta entonces que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida!
Si hasta ahora has estado lejos de Él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos.
Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado.
Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en Él, ten la seguridad de que Él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como Él quiere.
No nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas. No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza; nunca nos resignemos: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar, no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a él.
Jesús ya no es del pasado, sino que vive en el presente y está proyectado hacia el futuro, Jesús es el «hoy» eterno de Dios.
Jesús no está muerto, ¡¡ha resucitado!!, ¡¡ es el Viviente!!«
