…Mi Hijo amado.¡Escuchadle!
Esta fiesta recuerda la escena en que Jesús, en la cima del
monte Tabor, se apareció vestido de gloria, hablando con Moisés y Elías ante
sus tres discípulos preferidos, Pedro, Juan y Santiago.
monte Tabor, se apareció vestido de gloria, hablando con Moisés y Elías ante
sus tres discípulos preferidos, Pedro, Juan y Santiago.
Nuestra vida es un camino hacia el Cielo, pero es una vía que
pasa a través de la Cruz y del sacrificio. Hasta el último momento habremos de
luchar contra corriente, y es posible que también llegue a nosotros la
tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una
vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto
exclusivamente en las cosas materiales… “¡Pero no es así! El cristianismo no
puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso
fuerte y grande del deber. Si tratásemos de quitarle ésto a nuestra vida, nos
crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos
transformado en una interpretación muelle y cómoda de la vida”. No es esa la
senda que indicó el Señor.
pasa a través de la Cruz y del sacrificio. Hasta el último momento habremos de
luchar contra corriente, y es posible que también llegue a nosotros la
tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una
vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto
exclusivamente en las cosas materiales… “¡Pero no es así! El cristianismo no
puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso
fuerte y grande del deber. Si tratásemos de quitarle ésto a nuestra vida, nos
crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos
transformado en una interpretación muelle y cómoda de la vida”. No es esa la
senda que indicó el Señor.
El misterio que celebramos no sólo fue un signo y anticipo de
la glorificación de Cristo, sino también de la nuestra, pues, como nos enseña
San Pablo, el Espíritu da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos
hijos de Dios.
la glorificación de Cristo, sino también de la nuestra, pues, como nos enseña
San Pablo, el Espíritu da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos
hijos de Dios.
