¡SI ELLA PUDO…

…NOSOTROS TAMBIÉN!

«Deseaba vivir, porque comprendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no encontraba quién me diera vida, ni tampoco podía conseguirla por mí misma. El que me la podía dar tenía motivos para no socorrerme, pues tantas veces me había atraído hacia Él, y yo lo había dejado».
Santa Teresa se interesó desde niña por las cosas de Dios, pero una vez dentro del Carmelo vivió más de veinte años una fe tibia. Convertida al entender los sufrimientos redentores de Cristo, dedicó toda su vida a la reforma del Carmelo, para acabar con el estilo de vida que le había permitido a ella vivir su vocación de forma superficial.
Pidámosle hoy a Santa Teresa que, como ella, confiemos en la misericordia de Dios, Él ve nuestros esfuerzos. No nos desanimemos ante nuestras faltas y pecados. La vigilancia no está en no caer nunca, sino en reconocer que sin Él poco o nada podemos.