MAYO…

…Perdonar las ofensas
En el pequeño embarcadero de mayo, ¿con quien nos encontramos? Un pequeño rebelde que, al parecer, ha sido castigado por ofender a una de nuestras hermanitas viajeras… Pero…¡qué sorpresa se lleva el niño cuando ve que ,a pesar del castigo y de la ofensa, la hermana le abre de par en par los brazos porque no se lo tiene en cuenta.

Así pasa tantas veces en la vida diaria de tantos cristianos:  que el perdón es el mejor apostolado. Al vengativo se le teme; al misericordioso se le ama, se le respeta y se escuchan sus palabras. Porque perdonar es ser coherente con la fe que profesamos. Fue Jesús quien nos dijo: «Bienaventurados los misericordiosos» .«Perdonad y seréis perdonados» «Perdona nuestras ofensas (Padre) como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»  No fueron palabras vacías, Él mismo perdonó y volvió a perdonar: perdona a Pedro que lo niega; perdona a sus amigos que huyen; perdona a Pilato que lo condena;  y, finalmente, clama desde la Cruz: «Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen»
El Papa nos dice: «Dios, cuando perdona, olvida, ¡Es grande el perdón de Dios!». Quien ha sido tocado y alcanzado por la misericordia y el perdón de Dios desborda de gozo y se ve empujado a perdonar y transmitir este perdón.
¡Ojalá que durante este mes y siempre demos el testimonio más bello que los cristianos han dejado de generación en generación: ser misericordiosos como el Padre es misericordioso!.