LA CONSAGRACIÓN…

…NOS CONFIGURA CON CRISTO»


La orden de los hermanos menores brotó de la mente y el corazón de Francisco, que ya era todo de Dios y de las almas, en Rivotorto, la Porciúncula.
A sus seguidores, el Poverello les entregó su amor a la pobreza, su mensaje de Paz y Bien y el código del Evangelio como norma de vida.

Nosotras, como futuras Franciscanas de los Sagrados Corazones, haciendo memoria de la entrega total de nuestro Padre a Cristo y a su Evangelio, queremos unirnos a toda la orden franciscana, especialmente a todas las Hermanas de nuestra Congregación que renovarán en este día sus votos, pidiendo para ellas, con nuestra sencilla oración, la fidelidad a la promesa que un día hicieron a Dios y que Dios aceptó, agradeciéndoles su sí generoso, pues con él,  nos han ido marcando el camino de nuestra vocación y entrega, camino que ya emprendió nuestra Beata Madre Carmen siguiendo las huellas de Francisco de Asís.

Hoy, muchos franciscanos harán también la renovación de su profesión religiosa con estas u otras palabras similares:
«Oh Dios, Padre nuestro, recordamos agradecidos el día en que, por medio de tu Espíritu Santo, nos llamaste a seguir las huellas del Poverello de Asís para ser en el mundo fermento de vida evangélica. Conscientes del don de tu llamamiento, te repetimos nuestra respuesta de amor, renovando gozosos los compromisos asumidos en la Fraternidad. Acepta esta humilde ofrenda de nuestras voluntades, y, por intercesión de María Virgen, del Padre San Francisco y de todos los Santos, socorre nuestra debilidad con la abundancia de tu gracia. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén».

Para toda la Familia Franciscana pedimos la fidelidad y perseverancia y elevamos nuestra plegaria al cielo para que nunca olvidemos que estamos llamados a ser en el mundo «Evangelios Vivientes».