Este verano hemos vivido una experiencia de formación inolvidable en nuestras casas de República Dominicana. Ha sido un tiempo donde la belleza, la bondad, la alegría y la unidad han resonado con un verdadero sabor a fraternidad.

Ver cómo el sueño de Madre Carmen sigue haciéndose realidad en cada rincón y en el amor entregado a los más pequeños nos llena el corazón. No nos alcanzan las palabras para tanto agradecer: en la memoria del alma nos llevamos a Quisqueya linda, su gente de fe, su luz y la bendición de La Merced y La Altagracia.
Nos volvemos con los brazos abiertos, la fe renovada y el deseo de seguir siendo fieles a Jesús como Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones.

«Cuando miro al cielo, se acrecientan mis deseos de ir por esos mundos a enseñar a las almas a conocer y amar a Dios».
Madre Carmen del Niño Jesús
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