El gran regalo de caminar y respirar juntas…

Fraternidad en la vida consagrada: Compartir la ruta, las oraciones, el cansancio y el servicio hombro con hombro entre las hermanas ha sido un soplo de aire fresco. Experimentar la comunión de vida en el día a día nos renueva en nuestro «sí» al Señor y en nuestra misión común como Franciscanas de los Sagrados Corazones.

Acompañar a nuestros jóvenes: Ver a la juventud buscar con sinceridad, apoyarse en las dificultades y abrir su corazón a Dios nos llena de esperanza. La presencia del Señor nos ha hecho descubrir que la felicidad verdadera habita en los detalles sencillos de cada día.

Queridos jóvenes y animadores: gracias por vuestra alegría, por dejarnos caminar a vuestro lado y por dejar una huella imborrable en nosotras.

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