
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…»
Del Evangelio según san Mateo 28, 16-20
«Con la fiesta de la Ascensión de Jesús se nos dice que el Cielo es la meta de nuestro viaje en esta Tierra…»
Cada viaje que hacemos, cada viaje que organizamos, tiene siempre una meta a alcanzar. Con la fiesta de la Ascensión de Jesús se nos dice que el Cielo es la meta de nuestro viaje en esta Tierra. Entonces es muy sabio abrirse al conocimiento de esta meta, para vivir bien este nuestro viaje terreno. ¿Cómo se puede conocer esta meta?
Dejándose instruir por el Espíritu Santo. Nos ha dicho Jesús: «Es Él quien os conducirá a la Verdad Plena», a hacernos conocer las cosas de Dios.
El Señor Jesús, antes de subir al Padre, convoca a sus discípulos encima del monte, para confiarles un mandato: Continuar su misión.
Con la Ascensión se inicia el tiempo de la Iglesia. Ahora le toca a los que han creído, que han acogido el anuncio del Evangelio. Ahora nos toca a nosotros, a mí, a ti…
¿Cuál ha sido la misión de Jesús? Hacer conocer el verdadero rostro de Dios. ¿Qué rostro de Dios has hasta ahora conocido? ¿El de un juez o el de un padre? Si hemos conocido el rostro de un padre amoroso, misericordioso, entonces con nuestra vida debemos difundir amor, misericordia, perdón…. San Francisco dirá: «No diré más Padre mío a Pedro de Bernardone sino Padre nuestro que estás en el Cielo».