
«Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios…»
Del Evangelio según san Mateo Mt 3, 13-17
Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí? Jesús le respondió: — Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia. Entonces Juan se lo permitió.
Cristo es el «Hijo Amado» que «sale del agua» como el Nuevo Pueblo que es liberado definitivamente, como el Pueblo de Dios, Israel, que sale de las aguas del Mar Rojo hacia la Tierra Prometida: El Espíritu no sólo desciende sobre Cristo, sino que permanece sobre Él para que los seres humanos reconozcan en Él al Mesías, enviado a llevar a los pobres el gozoso anuncio.
El Espíritu que no tenía morada permanente entre los hombres, y ahora permanece para siempre, por Jesús, en la Iglesia. Nacidos y viviendo en la fe de la Iglesia, los cristianos necesitamos redescubrir la grandeza y las exigencias de nuestra vocación bautismal.