
«Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en Él…».
Del Evangelio según san Juan 3, 13-17
La exaltación de la Santa Cruz nos hace conocer un aspecto del Corazón de Jesús, que solo Dios mismo podía revelarnos: La herida provocada por el pecado y la ingratitud del hombre se convierte en fuente, no solo de una sobreabundancia de Amor, sino también de una Nueva Creación gloriosa…
Señor, ¡todos gritan!
Ayúdame a bajar el tono de mi voz.
A encontrar el silencio dentro y fuera de mí.
Escuchar las palabras apenas susurradas.
A sentir el perfume de una flor recién abierta.
A discernir el bien del mal.
Usar siempre buenas palabras.
Bendecir y no maldecir.
Comprender los sueños y deseos ocultos en el corazón de la gente.
A arrodillarme ante tu Santísimo Cuerpo.
A ser un hombre de manos duras, pero de buen corazón.
A reconocer siempre mis errores.
A quitar el orgullo de mi vida.
A reconocerte en el rostro de cada persona.
A llevar cada día mi cruz.
Para ser en cada lugar expresión de Tu Felicidad.
Ayúdame, Señor, a reconocer siempre Tu voz.
¡Amén!