En todos los colegios de Madre Carmen vivimos el mes de marzo «como él»

Hermano León, abre el misal al azar y lee las primeras palabras que vean tus ojos. Las palabras eran éstas: «He aquí que subimos a Jerusalén y el Hijo del Hombre será apresado, torturado y crucificado; pero al tercer día resucitará». Por segunda y tercera vez mandó Francisco a fray León hacer lo mismo, y siempre salieron palabras que hablaban de la Pasión del Señor.

«Me gustaría, mi Jesús Crucificado, subirme a esa Cruz, quitarte los clavos, y sustituirte, aunque solo fuera por un momento. Desde ahí arriba quisiera abrazar el mundo y amar a todos los hombres… Esta noche quisiera, desde allá arriba, cubrir el mundo con el manto de la paz…».

Desde el cielo descendió como un meteoro el amado Jesús Crucificado… era fuego, energía, fuerza, dolor y alegría cayendo sobre el Pobrecito.

De pronto sintió la misma impresión que si hubiera caído un rayo sobre su cuerpo… Y así se le descargaron como cinco rayos.

Francisco tuvo la impresión de que se había calmado la tempestad y de que todo volvía a la normalidad. A la luz del día, Francisco comprobaba que sus manos, pies y costado estaban quemados, heridos, taladrados.

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