




Cantamos…

«Como él»
Quiero ir tras de él, pisar sobre sus huellas,
cantar Laudato si’ por toda la Tierra.
Ser humilde porción, recibir todo como Don
y escuchar como Él: “Ve y repara mi Iglesia”.
¡Ser una bendición que explota de alegría!
Soy hermano, instrumento de paz…
¡Como él, como él quiero amar!
¡Ser una bendición que explota de alegría!
Soy hermano, instrumento de paz…
¡Como él, como él quiero amar!
¡Como él, como él… paz y bien!
Voy a servirte, Señor, ya no más a vacíos siervos,
y en la pobreza diré: “Mi Dios y mi todo tengo”.
Reina de los Ángeles, Salve Palacio de Dios,
lo amargo en dulce cambiarás en mi corazón.
¡Ser una bendición que explota de alegría!
Soy hermano, instrumento de paz…
¡Como él, como él quiero amar!
¡Ser una bendición que explota de alegría!
Soy hermano, instrumento de paz…
¡Como él, como él quiero amar!
¡Como él, como él… paz y bien!



Los santos son personas como tú y como yo, de carne y hueso, pero que se han encontrado con Jesús y Él ha transformado su vida. Francisco era un joven más de la ciudad de Asís, pero un joven especial, protagonista de las fiestas, rey de la juventud, siempre alegre y rodeado de amigos. Pero Jesús le salió al paso y le cambió la vida. En este encuentro el Señor cambió el corazón de Francisco, haciéndolo parecido al suyo.
«Una mañana, cabalgando por el camino Francisco se topó súbitamente a pocos metros con un leproso, que le extendía su brazo carcomido. Aunque Francisco sentía una gran repugnancia hacia los leprosos le vino el recuerdo de aquellas palabras: “Francisco, lo repugnante se te tornará en dulzura”. Cuanto más rápidamente ejecutara lo que tenía que hacer, mucho mejor.
Saltó del caballo como un sonámbulo y, casi sin darse cuenta, se encontró por primera vez en su vida frente a frente con un leproso. Con cierta precipitación depositó la limosna en sus manos. Lo tomó en sus brazos, no sin cierta torpeza. Aproximó sus labios a la mejilla descompuesta del hermano cristiano. Lo besó con fuerza una y otra vez. Luego estampó rápidos y sonoros besos en sus dos manos y, con un “Dios contigo”, lo dejó. Montó de nuevo a caballo y se alejó velozmente.
La prueba de fuego había sido superada, ¡bendito sea el Señor! Habiendo cabalgado unos metros…, ¿qué es esto? Nunca había experimentado semejante sensación de dulzura.»
«El Hermano de Asís».




Francisco sentía una gran repugnancia hacia los leprosos, pero el Señor le pidió que se acercase a ellos, hoy no existen leprosos, pero podemos encontrar a nuestro alrededor personas que no nos caen bien o que no nos gusta estar con ellas. Podrías regalarle a Jesús acercarte a estas personas y ser amable con ellas.
- ¿Qué significa convertirse?
- ¿Qué crees que se experimenta al «encontrarse con Dios»?
- ¿Has tenido esta experiencia?



Por intercesión de San Francisco queremos pedir la gracia de ser testigos del Evangelio para aquellos que nos rodean.



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