¿TE HA COSTADO …

…DEJAR TODO LO QUE TENIAS?

Mi vida era la que cualquier joven puede soñar. Era el heredero del Principado de Mantua y príncipe del Sacro Imperio. Pero a pesar de todo esto yo no me sentia atraido por toda esa vida llena de vanidad y solia repetir :

«¿Qué es todo esto para la eternidad?. Señor, ayúdame a no olvidar nunca el fin para el cuál me has creado».
Mil veces me llamaron príncipe y señor a lo cual, sólo podía responder con amabilidad:
«Servir a Dios es más glorioso que poseer todos los principados de la tierra».
Por eso al ingresar en la Compañía de Jesús pude decir:
 «Este es mi descanso para siempre; aquí habitaré, pues así lo he deseado».