DEVUÉLVEME LOS OJOS…

…DE LA FE.
Hoy, Jesús, como Bartimeo, vengo hasta tí porque necesito que me mires con esos ojos misericordiosos capaces de hacerme ver el mundo de otra manera y curar mi ceguera: Sólo te pido: ¡Maestro bueno, que pueda ver!
Hoy quiero gritar por calles y plazas tu grandeza; no quiero callar que creo en un Dios capaz de hacer lo imposible, pero necesito tu fuerza. Sólo te suplico: ¡buen amigo, que pueda ver!
Hoy deseo arrojar el manto que me ata a este mundo, que acorta  mis pasos y venda mis ojos,  para seguirte sólo a tí; este manto del orgullo, de las vanidades del egoísmo; este manto que hace pesado el camino y me impide verte cara a cara. A ti te imploro: ¡oh, amor de mi vida, que pueda ver!
Y aunque el mundo intente callarme, no a voy a ceder; levantaré mi voz pidiendo compasión; te seguiré sin miedo, confiando en tu amor; me abandonaré en tus manos y escucharé tu Voz. Sólo te pido: «Jesús Hijo de David, devuélveme los  ojos de la fe; no me abandones, te quiero ver»