…La Esclava del Señor
En medio de la Cuaresma y precediendo al Domingo de Letare, celebrábamos ayer, la solemnidad de la Anunciación del Señor. En este contexto esta fiesta revela su pleno significado, la Encarnación del Señor, gracias al sí de María, es el comienzo de un camino que pasando por la Cruz, culminará en la resurrección. La Carne de que se reviste el Señor en el Seno de la Virgen, es la misma que se ofrecerá en la Cruz por nuestros pecados, como nos decía la segunda lectura de ayer, «cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo», Y es también el mismo cuerpo que será glorificado por el Padre, abriéndonos a todos las puertas del Paraíso.
Y la misma Virgen, que contesta humildemente al Ángel «He aquí la Esclava del Señor, Hágase en mí según tu palabra», queda por su aceptación vinculada a la obra redentora de Jesús, que llegará hasta la muerte en cruz, donde la humilde esclava del Señor volverá a repetir su «fiat», cooperando así de manera misteriosa a nuestra salvación.
Este es el itinerario de todo cristiano, tras los pasos de Jesús y María e imitando su ejemplo, ofrecer con humildad a Dios nuestra vida, aceptar su voluntad aún cuando esta pase por la vía del dolor, para, así, ser un día glorificados por Dios junto con Cristo, con María y con todos los ángeles y santos.