NADIE TIENE…

..amor más grande que Tú
Tú Jesús, Tú, Señor del universo, no tenías
por qué haberte abajado hasta el puesto de esclavo,  lavando los pies a tus discípulos.

No tenías por qué
haberte quedado, por una locura de amor, presente para siempre en un pedazo de
pan y en un poco de vino. Y aún más, permanecer para siempre con nosotros día y
noche en todos los Sagrarios del mundo, sufriendo muchas veces la indiferencia y
el abandono, incluso, de tus amigos.
Tú, Cordero inmaculado, no tenías por qué
haber cargado con el peso de todos nuestros pecados  y
haber sudado gotas de sangre y llorado en agonía para aceptar la voluntad del
Padre.

No tenías por qué
haber sufrido la humillación, la tortura y, finalmente, llegar, como un criminal, a
morir de muerte ignominiosa Tú, que eres la Vida.
Nada de esto te era
necesario a Ti que en el seno de la Trinidad eras desde la eternidad
infinitamente feliz, y sin embargo, lo
hiciste, quisiste hacerlo por mí, por amor a mí, para salvarme.
Jesús quiero ser en
estos días aquel discípulo amado que, poniendo su cabeza sobre tu Corazón, fue
abrasado de amor y correspondió a
tu amor permaneciendo junto a Ti 
al
pie de la Cruz.
 Allí quiero recibir, una vez más, a María por Madre, como el
testamento más precioso de toda la historia de la humanidad; allí quiero ver
abrirse, por la lanza, tu Corazón y ver nacer a tu esposa, la
Iglesia, amada por la eternidad. 


















         
Quiero,  así,
contemplándote, aprender tu amor y responde
r sirviendo a mis hermanos como me
enseñaste Tú.  Seré  compañía para Ti, prisionero de Amor en el Sagrario, me
uniré a Ti para cumplir la voluntad del Padre, y así iré subiendo, paso a paso, por la ladera del Calvario para morir a mí misma
en la Cruz y ofrecerme junto a Ti.