San José es Patrono
de la Iglesia Universal porque a él se le encomendó el cuidado de Jesús hecho
hombre y el cuidado de la Virgen María, y es patrono de todos los bautizados
porque cuida desde el cielo de cada uno de nosotros Si bien es cierto que a Cristo se llega
por María, por San José nos acercamos a contemplar el misterio de la Iglesia
que a él se le ha encomendado.
de la Iglesia Universal porque a él se le encomendó el cuidado de Jesús hecho
hombre y el cuidado de la Virgen María, y es patrono de todos los bautizados
porque cuida desde el cielo de cada uno de nosotros Si bien es cierto que a Cristo se llega
por María, por San José nos acercamos a contemplar el misterio de la Iglesia
que a él se le ha encomendado.
Él se
complace protegiendo a sacerdotes y religiosos, que consagran su vida entera a Dios, pues educó al Sumo y Eterno Sacerdote, y le preparó durante muchos años para
su ministerio.
complace protegiendo a sacerdotes y religiosos, que consagran su vida entera a Dios, pues educó al Sumo y Eterno Sacerdote, y le preparó durante muchos años para
su ministerio.
Para hablar de San
José, es necesario también hablar del silencio, porque desde ahí supo
contemplar el misterio del plan de Dios y porque solo en el silencio se
encuentra lo que se ama. Solo en el silencio amoroso es desde donde se puede
contemplar el misterio más trascendente de la redención, de un Dios que por
amor se ha hecho hombre como nosotros.
¡Glorioso Patriarca
San José!, animado de una gran confianza en vuestra intercesión, a Vos acudo
para que seáis mi protector durante los días de mi destierro en este valle de
lágrimas.
Vuestra altísima dignidad de padre adoptivo de Jesús hace que nada se
os niegue de cuanto pidáis en el cielo.
Sed mi abogado, especialmente en la hora de mi muerte, y alcanzadme la gracia
de que mi alma vaya a descansar en las manos
del Señor. Amén.
San José!, animado de una gran confianza en vuestra intercesión, a Vos acudo
para que seáis mi protector durante los días de mi destierro en este valle de
lágrimas.
Vuestra altísima dignidad de padre adoptivo de Jesús hace que nada se
os niegue de cuanto pidáis en el cielo.
Sed mi abogado, especialmente en la hora de mi muerte, y alcanzadme la gracia
de que mi alma vaya a descansar en las manos
del Señor. Amén.
