¡SEÑOR MÍO…

…Y DIOS MÍO! Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:«Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo:«¿Porque me has visto has creído? […]