El pasado domingo tuvimos la gracia de poder asistir a la Beatificación del siervo de Dios, Fray Leopoldo de Alpandeire, religioso de la orden capuchina.
Para nosotros es un momento de gran alegría el ver que la Iglesia sigue reconociendo la santidad de hombres y mujeres, que en medio de este mundo tan secularizado, siguen siendo testimonio para todos.
Hacer las cosas sencillas, en el silencio, es a lo que nos invita el beato fray Leopoldo. Esa sencillez franciscana que a todos nos debe caracterizar. Ofrecerle al Señor todas las pequeñas cosas que nos surgen en cada jornada y así unir nuestras vidas a las de Cristo crucificado.
Hoy, celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Fiesta, porque por la muerte de Jesús, fue vencido el pecado. Es un día para estar, como los santos estuvieron, solo a Solo, bajo la cruz, como lo estuvo nuestra Madre, la Santísima Virgen. Solos en la intimidad de nuestro corazón, ofreciéndole cada instante de nuestra vida, sólo así, todas las cosas, incluso aquéllas que más trabajo nos cuestan, retoman un nuevo sentido.
Es posible ser santos. Y tenemos muchos modelos. Pongamos nuestra vida en manos del Señor, para que Él la vaya conduciendo por donde quiera. «Sólo Dios basta», por eso, «nunca desconfiemos de la divina Providencia».
