El desvelo por los pobres, la exquisita caridad para ayudarles y su afán por llevar a todos «a conocer y amar a Dios», es una constante en la vida de la beata Madre Carmen del Niño Jesús.

Desde su infancia; su fe alimentada por los sacramentos y la disponibilidad al querer de Dios en fidelidad y cercanía a la Iglesia marcan todas las facetas de su vida; lo mismo en su juventud que en su vida de esposa, en los años de viudez y en la fundación y avance de la Congregación.
Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.
Nada hay verdaderamente humano que no encuentre
eco en su corazón… (GS.1).
El día 8 de mayo, fiesta litúrgica de Madre Carmen, 141 aniversario de su llegada al convento de Ntra. Sra. de la Victoria, en Antequera. Al atardecer, a punto de comenzar la Eucaristía junto a los numerosos de devotos que nos acompañan, de pronto «¡en Roma fumata blanca!». En medio del júbilo general, se celebra la primera Eucaristía en acción de gracias por nuestro recientísimo Pontífice, Su Santidad el papa León XIV. Sólo cabe decir con Madre Carmen:
¡Bendito sea Dios que tanto nos quiere!
«Acordaos de rogar siempre por la dilatación de la Santa Iglesia, por el Sumo Pontífice y sacerdotes del mundo entero, sin olvidar las Órdenes Religiosas especialmente la de nuestro Padre San Francisco en todas sus ramas. (Madre Carmen, p. 24)».
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