Eucaristía y celebración de los 100 años de la llegada de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones a República Dominicana

Nos llena de mucha alegría recibirles en esta mañana para celebrar juntos la Santa Eucaristía. Dentro del marco de la fiesta de la Cátedra de San Pedro, damos gracias a nuestro Padre Dios, porque un 22 de febrero de 1925, tres hermanas de la Congregación Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones llegaron por primera vez a nuestra tierra dominicana.

Ellas fueron Sor María Ángela de Jesús, Sor Covadonga del Monte Olívate y Sor María Lucía de las Sagradas Llagas, realizándose así la primera expansión de la congregación de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones fuera de España y haciéndose realidad un deseo de Madre Carmen que repetía, «cuando miro al cielo se acrecientan mis deseos de ir por esos mundos a enseñar a los hombres a conocer y a amar a Dios».

Estamos de fiesta, cien años de fidelidad, entrega y sacrificios de muchas hermanas que como aquellas primeras han sabido obedecer a Dios y decirle, sí, a donde el Señor nos envíe, iremos.

Hoy estamos agradecidos del Señor por este acontecimiento histórico en la vida de la Iglesia, obra del mismo Dios que a pesar de tantas debilidades y pecados, Él ha permanecido fiel en la obra que inició en nuestra República Dominicana con la presencia de las hermanas franciscanas de los Sagrados Corazones hace hoy 100 años.

Hoy celebramos la fiesta de la cátedra de San Pedro Apóstol. Unidos a toda la Iglesia y motivados por la fiesta de hoy, pedimos nos impulse a vivir con un corazón lleno de fe y amor y su intercesión sea la misericordia de Dios en nuestras vidas, con la certeza que su fidelidad y misericordia son eternas y que no abandona la obra de su mano.

Gracias porque se hicieron realidad los deseos de nuestra fundadora, la Beata Madre Carmen del Niño Jesús, cuando decía: «cuando miro al cielo, se acrecientan mis deseos de ir por esos mundos a enseñar a las almas a conocer y amar a Dios».

Gracias, Señor, por la audacia y valentía de nuestras primeras hermanas aquí en el país, por aquellas que se embarcaron con corazón generoso para venir aquí y por las vocaciones nativas que abrieron nuevos caminos en esta andadura. Y por qué no, también pedir perdón por nuestros desaciertos en la tarea evangelizadora.

Agradecemos la acogida y el apoyo de cada uno de nuestros obispos y sacerdotes de las diócesis donde nos encontramos. También a las hermanas religiosas que con su vida y testimonio nos han animado a seguir con los ojos fijos en el amor primero. Gracias por estar aquí acompañándonos.

Agradecemos la presencia de todos ustedes, padres, docentes, personal sanitario, administrativo, de apoyo, alumnos y familiares. Con esta Eucaristía hemos querido elevar un canto de agradecimiento al Señor, porque su fidelidad y misericordia son eternas y no abandona la obra de sus manos.

Santo Domingo, 22 de febrero de 2025, jubileo del año del Señor 2025, dado en el Vaticano el 28 de enero de 2025, Cardenal Conrad Krayeski, limosnero apostólico.

Padre de bondad y misericordia, nos dirigimos a Ti para darte gracias, glorificarte y alabarte por estos 100 años de la llegada de la Congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, a esta amada tierra de República Dominicana.

Tú, que inspiraste a Madre Carmen del Niño Jesús el deseo de ir por esos mundos a enseñar a los hombres a conocerte y amarte, imprime en el corazón de todos los que compartimos este carisma: el anhelo de descubrir en los niños la persona de tu hijo Jesús, de formar en las virtudes sólidas el corazón de la juventud. Ayúdanos a ser buenos samaritanos, para ver en los adultos mayores Tu Rostro; ver en los enfermos y necesitados al Cristo Sufriente, y ser un espejo de perfección, donde se refleje tu Gloria.

Gracias, Señor, porque al celebrar este centenario, nos vuelves a mostrar que tu misericordia y fidelidad duran por siempre. Haz que esta tierra dominicana sea fermento de nuevas vocaciones, que griten con su vida al mundo: «BENDITO SEA DIOS, QUE TANTO NOS QUIERE». Amén.



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