En todos los colegios de Madre Carmen vivimos el mes de octubre «como él»

Dolce sentire come nel mio cuore
ora umilmente sta nascendo amore…
dolce capire che non son più solo,
ma che son parte di una immensa vita
che generosa risplende intorno a me…
dono di Lui, del Suo immenso amore!

Ci ha dato il cielo e le chiare stelle
fratello sole e sorella luna
la madre terra con frutti prati e fiori
il fuoco, il vento, l’aria e l’acqua pura
fonte di vita per le sue creature.

Dono di Lui, del Suo immenso amore.
Dono di Lui, del Suo immenso amore.

Francisco entró en la pequeña capilla de San Damián, se arrodilló con reverencia ante el altar y fijó su mirada en el crucifijo. Lo miró largamente.

Era un crucifijo diferente: no expresaba dolor ni causaba pena. Seducido por aquella expresión de calma y paz, Francisco permaneció inmóvil, nadie sabe cuánto tiempo.

Esta vez el Amor tenía un nombre concreto, una figura determinada y una historia apasionante: Jesucristo en la cruz, entregando la vida por los amigos. La tradición nos ha conservado la oración que el Hermano pronunció en esta mañana. Elevados y fijos sus ojos en la majestad del Cristo bizantino, decía así:

—Oh, alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta, sentido y conocimiento para cumplir tu santo y veraz mandamiento.

Y de pronto, nadie podría decir cómo o de dónde surgió, se oyó claramente una voz que al parecer procedía del Cristo: «Francisco, ¿no ves que mi casa amenaza ruina? Corre y trata de repararla». «Con mucho gusto lo haré, mi Señor» —respondió Francisco al mandato.

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