





Cantamos…
Oración de San Francisco
Fui trovador, me llamaban Francisco,
cantaba alegre en las noches de Asís,
más ya no quiero cantar a Rolando,
ni las proezas del gran Amadís.Fui descubriendo un camino distinto,
sentí en mi alma un vacío total.
No quiero amores que pasan y mueren,
hoy sólo canto a mi Rey inmortal.Yo quiero ser Evangelio viviente
abandonarme en tus brazos, Señor.
Ser como un niño que juega o se duerme
mientras su padre le envuelve en amor. (2)Vestía trajes lujosos de seda,
lucía al cinto un precioso puñal,
hoy mis señores son esos leprosos
y mi vestido este pobre sayal.Cambié tesoros por dama pobreza,
placer y honores por la santidad.
Y soy feliz como nunca lo he sido.
¡Dios es mi gozo, mi felicidad!




La transformación del alma de San Francisco se fue produciendo mediante muchos encuentros con el Señor. De ahí nace una alegría que fue contagiando a cuantos lo rodeaban e invitó a muchos a imitarlo en su camino de entrega.
En el capítulo VIII de Florecillas de San Francisco de Asís, vemos cómo explicó al hermano León en qué consiste la perfecta alegría. Leámoslo con atención.
Iba una vez San Francisco con el hermano León de Perusa a Santa María de los Ángeles en tiempo de invierno y el hermano León le preguntó: «Padre, te pido, de parte de Dios, que me digas en qué está la alegría perfecta». Y San Francisco le respondió:
«Si, cuando lleguemos a Santa María de los Ángeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y con hambre, llamamos a la puerta del lugar y llega enfadado el portero y grita: “¿Quiénes sois vosotros?” Y nosotros le decimos: “Somos dos de vuestros hermanos”. Y él dice: “¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!” Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia y sin alterarnos esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad, que el portero nos conoce bien y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe, ¡oh hermano León! que aquí hay alegría perfecta».
«Las florecillas de San Francisco».



Tras la lectura del siguiente pasaje «como él», piensa en tu día a día y responde a las siguientes preguntas: ¿Cómo reaccionas cuando alguien no se porta bien contigo o con alguien a quien quieres? Ante palabras dolorosas hacia ti u otra persona, ¿qué haces? Pon ejemplos concretos. ¿Qué significa la perfecta alegría?



Por intercesión de San Francisco, pedimos al Señor el regalo de tratar a los demás con el mismo amor con el que el Señor nos trata a nosotros.


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