En todos los colegios de Madre Carmen vivimos el mes de febrero «como él»

La transformación del alma de San Francisco se fue produciendo mediante muchos encuentros con el Señor. De ahí nace una alegría que fue contagiando a cuantos lo rodeaban e invitó a muchos a imitarlo en su camino de entrega.

En el capítulo VIII de Florecillas de San Francisco de Asís, vemos cómo explicó al hermano León en qué consiste la perfecta alegría. Leámoslo con atención.

Iba una vez San Francisco con el hermano León de Perusa a Santa María de los Ángeles en tiempo de invierno y el hermano León le preguntó: «Padre, te pido, de parte de Dios, que me digas en qué está la alegría perfecta». Y San Francisco le respondió:

«Si, cuando lleguemos a Santa María de los Ángeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y con hambre, llamamos a la puerta del lugar y llega enfadado el portero y grita: “¿Quiénes sois vosotros?” Y nosotros le decimos: “Somos dos de vuestros hermanos”. Y él dice: “¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!” Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia y sin alterarnos esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad, que el portero nos conoce bien y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe, ¡oh hermano León! que aquí hay alegría perfecta».

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