Comenzamos un nuevo curso 2015-2016

Educar, no es una profesión…

Educar, no es una profesión, sino un actitud, una forma de ser… Educar es un acto de amor, es dar vida… —dice el papa Francisco—. A nosotros, como educadores, nos invita a hacer de la escuela un lugar de encuentro para las personas que formamos la comunidad educativa —¡no estamos aquí por casualidad!—; para los espacios, testigos de nuestra misión educativa y lugares sagrados, “donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18, 20); para los tiempos, únicos e irrepetibles, donde se hace presente el latido del Corazón de Dios que entra en nuestra historia; para las palabras y los gestos que transparenten la acogida, la cercanía de Jesús que, como con los discípulos de Emaús, camina a nuestro lado.

El Papa, también nos invita a hacer crecer en la escuela las tres lenguas que una persona madura debe saber hablar: la del corazón, la mente y las manos. Lo que importa es la buena armonía entre lo que se piensa, se siente y se hace, porque ¡la verdadera educación es la que nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la vida! ¡Qué necesario es enseñar desde el corazón y qué importante es aprender desde el corazón!


Nosotros hemos recibido el regalo de Madre Carmen…

Nosotros hemos recibido el regalo de Madre Carmen que encarnó en su vida esta pedagogía con pocas palabras y muchos gestos. Éste es su latido, éste es el lenguaje de su corazón y de su espíritu de familia. Estos son los valores que quiere que sean latidos en nuestra Comunidad Educativa:

  • Poner en común ilusiones, objetivos y realizaciones, compartiendo las propias capacidades y aportando en espíritu de servicio, competencias, habilidades y experiencias. (cf. CP 21)
    Esforcémonos principalmente en formar en las virtudes sólidas el corazón de la juventud, enseñándoles a conocer, amar y servir a Dios. Madre Carmen.
  • Esforzarse por lograr que nuestros colegios sean, no solo un lugar de enseñanza, sino una comunidad de vida, lo cual implica para todos los que la forman: aprender a respetarse, a estimarse, a trabajar en equipo, a asumir los conflictos y a estar dispuestos a enriquecerse con las diferencias. (cf. CP 6)
    Os encargo haya en vosotras buen espíritu y buena armonía. Que estéis muy unidas; que haya mucha paz y caridad entre vosotras. Madre Carmen.
  • Trabajar juntos creando entre todos un clima: de sencillez y de paz, de amor y confianza en el Padre que a todos nos hace hermanos, de simpatía hacia todas las criaturas y de alabanza al Creador, en sintonía total con el espíritu de San Francisco de Asís. (cf. CP 6)
    ¡Bendito sea el Señor que tanto nos quiere! Madre Carmen.

¡Qué hermoso descubrir que no estamos solos! 

¡Somos una Familia que late con un mismo latido en todos los lugares, en todos los tiempos, en todas las personas, en cada palabra y en cada gesto!

  • Yo, como hermana, me inspiro en mi día a día a través de mi carisma, de las palabras y los gestos de Madre Carmen para ser capaz de contagiar a los demás los valores propios de nuestra de identidad. Escucho el latido de Madre Carmen para que mi corazón palpite hacia los demás.
  • Yo, como profesor, escucho el latido de Madre Carmen y el de las hermanas para contagiarlo a los alumnos.
  • Yo, como alumno, escucho el latido de Madre Carmen, de las hermanas y de los profesores para contagiarlo a mis amigos y a mi familia.
  • Nosotros, como padres, hemos escuchado el latido de este gran corazón para sentirnos parte de la gran “Familia de Madre Carmen”.

Pensar, sentir y actuar ¡desde el corazón!, tú y yo.

Así es como lo quiere Madre Carmen. Si la imitamos en nuestro día a día estaremos siendo como ella, unos verdaderos pedagogos del corazón, una verdadera familia que…
“Escucha para poder pensar; acaricia y abraza para poder sentir y acompaña para ayudar a hacer a quienes más nos necesitan”.