

El Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo ha transformado sus espacios para transformarlos en lugares de la ciudad de Belén.
El ambiente iba cambiando conforme se avanzaba en la preparación. Detalles, muchos detalles cuidados al milímetro para hacer entrar, tanto a quienes participaron directamente como a quienes vinieron a visitar, en el misterio de la Navidad: un Dios que se hace carne por amor.
Es así. La Navidad nos enternece a todos. Nos remueve por dentro y, sin darnos cuenta, saca lo mejor que llevamos dentro. ¿Quién hay que no se ablande al pasar junto a un bebé y no le haga una carantoña? ¿Quién hay que al escuchar el llanto o la risa de un recién nacido no se interese por él?
En Buen Consejo hemos querido, al más puro estilo franciscano, contemplar al Niño de Belén, ver con nuestros ojos qué pudo suceder hace más de dos mil años en ese pueblecito en el que todos los continuaban con sus quehaceres mientras que el Hijo de Dios nacía en el silencio de la noche.
Belén no sabe bien lo que ocurre. En el ambiente se respira alegría, a pesar de la ocurrencia del emperador. José puso rumbo a Belén, con María, que estaba a punto de dar a luz… Por su parte, Herodes en su castillo aún es ajeno a que el comienzo de la vida de un Rey se aproxima. También sus solados disfrutan el momento.
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El periódico, «El FARO de Melilla», se hace eco de la noticia.
La comunidad educativa del Buen Consejo se vuelca en la recreación de un belén viviente.

La comunidad educativa al completo participó en una representación que aunó tradición, creatividad y espíritu navideño.
Durante dos tardes, el centro educativo se transformó en un auténtico belén viviente que reunió a alumnos, profesores y familias en una emotiva y colorida representación de la Navidad…