Del Evangelio según San Marcos
(Mc 13, 24-32)
Encaminándonos hacia la conclusión del Año, la liturgia nos orienta hacia las «últimas realidades», no para llenarnos de angustia, sino para iluminar nuestra existencia de esperanza, que es una dimensión fundamental de la experiencia de fe cristiana. Esta esperanza da sentido al presente.
Todo el anuncio cristiano y toda la existencia de los cristianos se caracterizan por esta tensión hacia el Reino, hacia esos Cielos y Tierra Nuevos Prometidos por Dios en la Resurrección de Jesús.
La Palabra de Dios nos invita a tomar nota de dos realidades inseparables entre sí e indispensables para nosotros: la fidelidad de Dios a los hombres y la fidelidad de los hombres a Dios. Dios no abandona a la muerte a sus hijos, porque la vida eterna prometida es el signo pleno y perfecto del Amor de Dios por nosotros.
