
Del Evangelio según san Lucas, Lc 10, 1-9
«Cristo llama para enviar. Ser discípulo de Jesús no es un privilegio para sí mismo, sino un servicio para el Reino de Dios.»
Jesús envía a sus discípulos para «anunciar» que el Reino de Dios está cerca.
El ser humano aspira a la paz pero hace la guerra; quiere ser amado y amar, pero de hecho muchas veces no es amado y no ama; quiere la justicia, la igualdad, pero comete injusticia, produce estructuras injustas y opresivas; en la profundidad de su ser, busca al Dios vivo, pero produce ídolos muertos, niega y rechaza la Fuente; quiere la vida en todos los niveles en plenitud, sin fin, y en cambio se encuentra con la enfermedad y la muerte.
El discípulo de Cristo anuncia que las contradicciones más amargas de la existencia serán resueltas, que las aspiraciones más profundas hombre serán realizadas, «por la intervención gratuita de Dios», de un modo insospechado e inaudito, teniendo victoria completa sobre el mal.
Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios.