
Del Evangelio según san Juan, Jn 13, 31-33a. 34-35
«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».
Cielos Nuevos y Tierra Nueva son hoy la aspiración que late en el corazón de todos los que están comprometidos en una superación del actual orden social, tan cargado de injusticias y explotaciones.
«He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas» es la gran esperanza cristiana: Un mundo nuevo. Pero no es el hombre, en su esfuerzo solitario, el que construye este mundo nuevo. Es el hombre junto con Dios, en colaboración con Dios.
Del Mandamiento del Amor nace, para los cristianos, una situación y una realidad nueva, una «Ciudad Nueva»: la Iglesia, Nueva Tierra, Nueva Jerusalén, Morada de Dios con los hombres. No es de creer que la visión de Juan se refiera a una realidad proyectada en el futuro idealizado.
La «ciudad que desciende del Cielo», la «Tierra Nueva» de la que ha desaparecido el mar, símbolo de las fuerzas del mal, indican que la Nueva Creación, inaugurada por la Victoria Pascual de Cristo, ya está en acción en los bautizados. La «Esposa adornada para el Novio» es la Nueva Humanidad liberada del pecado, santificada por Cristo y resplandeciente de su gloria y belleza.