
Del Evangelio según san Juan, Jn 10, 27-30
Viviendo como hijos de Dios, descubrimos el verdadero sentido de nuestra vida.
En el 4.º domingo de Pascua, Jesús se presenta «Pastor-Cordero», quien, habiendo dado su vida por las ovejas, tiene el poder de darles la vida eterna y de confiarlas a la mano amorosa del Padre.
Es Él quien nos reúne para hacer de su pueblo un único rebaño. Escuchando Su Voz, acercándonos a Él, viviendo como hijos de Dios, descubrimos el verdadero sentido de nuestra vida.
El don de la vida eterna es el tema de la liturgia de la Palabra de hoy, que inspira el cántico de júbilo de la antífona de inicio. Cada uno puede sentirse hoy lleno de alegría y de júbilo pascual porque, más allá de las situaciones más tristes y desconcertantes de la existencia terrena, sabe que la bondad de Dios se dirige personalmente a cada uno y a todos, sin distinción y sin límites.