Del Evangelio según san Lucas, Lc 1, 1-4; 4, 14-21
Podemos leer nuestra historia, nuestra vida, y descubrir y encontrar a Dios en las vicisitudes de nuestra vida cotidiana.
El Papa Francisco ha establecido que el «III Domingo del tiempo ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios».
El Dios de Abraham, de Isaac, de Jesucristo no es un Dios impuesto, no es un Dios que se revela en los fenómenos naturales, sino en la historia de los hombres, se revela y se comunica de modo perfecto y definitivo en Jesús.
En la Biblia se recogen las vicisitudes, los sufrimientos, las angustias, las alegrías y las esperanzas de la historia de un pueblo; las reflexiones de los sabios, la lírica, los himnos de los poetas, las canciones populares hasta la vida de las primitivas comunidades cristianas. Todo esto es ciertamente «revelación del ser humano», pero es a la vez «Revelación de Dios».
La historia pasada se lee como Palabra de Dios porque a Su Luz podemos leer nuestra historia, nuestra vida, y descubrir y encontrar a Dios en las vicisitudes de nuestra vida cotidiana.
