Del Evangelio según san Juan, Jn 2, 1-11
El signo de Caná revela la gloria de Jesús, revela su ser divino.
Los profetas habían descrito la relación entre el hombre y Dios en términos de relación nupcial.
El pueblo de Israel ha sido infiel varias veces y ha tenido que ser purificado a través de duras pruebas como el exilio. En estos momentos de prueba el profeta anuncia la fidelidad de Dios que, a pesar de todo, sigue amando a su pueblo; más aún, llegará el momento en que Dios se unirá indisolublemente y para siempre a la humanidad. Esta unión definitiva será Jesús.
Caná es vista por Juan como el banquete nupcial de la unión definitiva del hombre con Dios, la inauguración de los tiempos mesiánicos. El signo de Caná revela la gloria de Jesús, revela su ser divino. Paralelamente a la primera revelación de Jesús, se produce el paso del viejo al nuevo pueblo de Dios, ya no basado en la carne en la sangre, sino en la fe en Cristo.
Este es el primero de los Signos hechos por Jesús: Signo visible con el cual manifiesta su gloria y los discípulos creen en Él. Este grupo de creyentes en Jesús, nacido en Caná, se convertirá en la Iglesia.
