
Del Evangelio según san Juan, Jn 20, 19-31
«¡No seas incrédulo, sino creyente!»
En el Segundo Domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia, el Evangelio nos refiere una primera aparición de Jesús Resucitado a los discípulos en el Cenáculo la noche de Pascua y otra aparición que tiene lugar ocho días después.
Tomás nos representa a todos y, al mismo tiempo, nos indica un itinerario para llegar a creer en el Resucitado, que siempre, también hoy, dice a nuestro corazón: «¡No seas incrédulo, sino creyente!».
Él necesita ver, pero no tocar las heridas de Cristo: En efecto, cuando el Resucitado lo precede y desenmascara con misericordia su debilidad, Tomás, sintiéndose amado incluso en su incredulidad, hace caer sus defensas y formula una extraordinaria confesión de fe: «Mi Dios y mi Dios!».