Del Evangelio según san Juan 1, 1-18
La «Palabra» del Padre se hizo carne; Jesús es para nosotros el rostro visible de Dios Padre.
Para muchos esta Palabra cae hoy en el vacío, es despreciada. En una sociedad que se quiere secularizar la indiferencia ante Dios es el estilo de vida difundido. Sin embargo, la Palabra de Dios, que sigue mirando su tienda en medio de nuestros desiertos, sigue interpelando; más que nunca se advierte la necesidad de la Sabiduría de Dios, de una orientación que ilumine y abra la existencia humana a la esperanza.
Jesús es la Palabra de Dios: No puede ser una Palabra que no tiene sentido. Él es todo palabra y palabra de todo.
Dios había revelado su poder eterno por medio de la Creación, había enviado a sus profetas, a sus mensajeros, pero a pesar de ello seguía siendo lleno de misterio, inescrutable, invisible, escondido detrás de los principados y las potencias, detrás de las tribulaciones y las ansiedades…
