
Del Evangelio según san Juan, Jn 20, 19-23
«Ante todo, debemos asombrarnos de lo que el Espíritu está obrando en nosotros...»
Pentecostés se presenta como la Fiesta de la Universalidad en el compromiso del anuncio del Evangelio.
El hablar en otras lenguas de los Apóstoles es el signo vivo de esta realidad. Todo comienza con la participación del Viento Impetuoso, el Espíritu «que es Señor y da la vida». El Espíritu continuó entregando su aliento de vida, hasta nuestros días. Por lo general, somos llevados a admirar lo que el Espíritu hace en los demás. Ante todo, debemos asombrarnos de lo que el Espíritu está obrando en nosotros.
Tú participas en la vida de tus padres, no tanto porque te pareces físicamente a ellos, sino más bien porque tienes en ti su espíritu, que hace posible continuar en la historia su presencia. Seguirás representando a Cristo si vives del Espíritu de Cristo. Si tienes el Espíritu de Cristo, piensas como Cristo, piensas como Dios. Solo entonces vivirás de Cristo y de Dios.
Verdaderamente en la historia todo depende del Espíritu porque es el Último Don de la Divinidad al hombre.