
Del Evangelio según san Juan, Jn 16, 12-15
«Celebrar la Solemnidad de la Santísima Trinidad significa para el creyente proclamar la Gloria de Dios y acoger su manifestación: En Jesucristo, Él, primero, se da a conocer como Sabiduría Creadora, como Palabra Reveladora, como Amor Vital.»
Jesús promete a los suyos que la aventura iniciada con Él no terminará: Precisamente a través de Él llegará aún a los creyentes la asistencia celestial que les permitirá cumplir la misión confiada. Él promete otro Paráclito: Él estará junto a los discípulos de modo permanente. Él es Espíritu de Verdad, que revelará al mundo, a través de los discípulos, la Gloria de Jesús, el Señor.
La Solemnidad de hoy es una fiesta para contemplar en síntesis todo el recorrido de los tiempos fuertes, es decir, de la celebración del misterio de la Encarnación (Adviento-Navidad) a la Redención (Cuaresma-Pascua). Es contemplar el Misterio de Dios, Su Proyecto de Salvación. Es sumergirse y dejarse envolver con asombro por el Amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es explicitar el Don de la fe del Bautismo. Este Misterio nos acompaña siempre. Toda liturgia comienza en el nombre de la Trinidad. Toda acción tiene cumplimiento en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo.