Del Evangelio según san Lucas 2, 41-52
El Verbo de la Vida ha sido engendrado en una familia, dentro de ella ha crecido como hombre.
Dios quiso que su Hijo viniera a habitar entre nosotros para realizar Su Obra de Salvación en favor de la humanidad y eligió realizar este proyecto con la colaboración de dos criaturas: Una mujer, María, y un hombre, José.
El Verbo de la Vida ha sido engendrado en una familia, dentro de ella ha crecido como hombre. Es aquí donde debe haber aprendido algunas de esas cualidades humanas que, muy probablemente, habrán sido propias de José, como el compromiso en el trabajo, la resistencia al cansancio, el respeto por la Ley, la honestidad, la humildad, el silencio; y de María, como la atención por los últimos, el respeto por las personas, el espíritu de servicio, la sensibilidad por los pobres…
Si por un lado, mirando a la humanidad de Jesús, podemos comprender la importancia que Dios tiene para con el hombre, por otro, mirando al período vivido por Jesús en la casa de Nazaret, podemos comprender la grandeza de la familia.
