
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Del Evangelio según san Mateo 22, 15-21
La fe cristiana, vivida a fondo, nos ayuda a asumir nuestras responsabilidades ante las llamadas del mundo.
Nosotros, discípulos de Jesús, debemos cumplir con nuestras obligaciones cívicas. Así lo entendió la primera Iglesia. Pero esto es importante y decisivo: «Y a Dios lo que es de Dios».
Solo a Dios se debe la adoración y el culto, y ni el Estado ni ninguna otra realidad de este mundo puede pretender lo que se debe exclusivamente a Dios. Todo pertenece a Dios, que es el creador. Y por eso no se puede descuidar a Dios durante la construcción de la ciudad terrena.
Podemos realizar la pretensión sacrílega de construir un mundo sin Dios, pero este mundo acabará por revolverse en contra de nosotros. La fe cristiana, vivida a fondo, lejos de sugerir resignación y evasión con respecto a las tareas terrenales, nos ayuda a asumir sus responsabilidades. Las llamadas del mundo actual encuentran una resonancia cada vez más profunda entre los discípulos de Jesús.