Hoy, domingo 16 de noviembre de 2025, la Iglesia celebra la IX Jornada Mundial de los Pobres, un día para reflexionar sobre nuestra responsabilidad de servir a los más necesitados. Mañana conmemoramos la vida de Santa Isabel de Hungría, Patrona de la Tercera Orden Franciscana, reina. Mujer que dedicó su vida a servir al Señor a través del cuidado de los más vulnerables. Su ejemplo nos inspira para seguir sus pasos y para vivir nuestra fe de manera auténtica y compasiva.
En el contexto del Año Jubilar, el lema seleccionado para este año ha sido tomado del salmo 71 y ahonda en la idea de la esperanza: «Tú, Señor, eres mi esperanza» (cf. Sal 71, 5). Y, en ese contexto, ll mensaje del Papa León XIV para esta Jornada se puede resumir en cinco frases clave:
- Los pobres no son una distracción para la Iglesia, sino los «hermanos y hermanas más amados» y deben estar en el centro de toda acción pastoral.
- Ayudar a los pobres es, ante todo, una cuestión de justicia social y no solo de caridad, y se deben abordar y eliminar las causas estructurales de la pobreza.
- El mensaje, enmarcado en el Jubileo 2025, conecta la opción por los pobres con la esperanza cristiana, recordándonos que su vulnerabilidad nos enseña a confiar en Dios y a pasar de esperanzas efímeras a una esperanza duradera.
- El Papa insta a los líderes mundiales a escuchar el clamor de los que sufren y a promover políticas fundadas en la justicia, donde el trabajo, la educación, la vivienda y la salud sean pilares fundamentales de la seguridad.
- La caridad es fundamental, pues nutre la fe y la esperanza, y nos llama a crear nuevos signos de esperanza y a encarnar el Evangelio a través de la compasión y la defensa de la justicia.

«Tú, Señor, eres mi esperanza».
Del Evangelio según san Lucas 21, 5-19
«Nada es eterno en este mundo…»
En el Evangelio de este XXXXIII Domingo de Tiempo Ordinario, empieza el discurso de Jesús llamado discurso apocalíptico sobre el fin del tiempo y de todas las cosas: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
La enseñanza que el Señor nos quiere transmitir es que nada es eterno en este mundo. Y nuestras pequeñas historias personales, nuestras pequeñas seguridades, están dentro de una Historia mucho más grande. Una historia, a menudo dramática e imprevisible, los hechos de los últimos años, la pandemia y la guerra en Ucrania, por ejemplo, nos lo enseña.