
Del Evangelio según san Lucas, Lc 10, 38-42
Acoger a Cristo huésped es sobre todo «escucharlo», ponerse en actitud de receptividad, de acogida, más que de dar.
Cuando el Evangelio nos haya revelado todo lo que implica la acogida del otro, la hospitalidad descubrirá su verdadero rostro.
En el Evangelio Jesús aparece como huésped. En varias ocasiones es invitado a la casa de los publicanos y de los pecadores, de los cuales es acogido de modo solícito y desinteresado. Su presencia entre ellos es el signo vivo del amor de Dios por ellos, una invitación a la conversión. Comer juntos es un signo de comunión. Para comer junto a Cristo en la verdad hay que convertirse.
De los fariseos Jesús no es acogido así; su presencia en su casa es más bien un juicio. Incluso cuando es recibido por amigos de larga data, como Marta y María, Jesús no se comporta como un huésped ordinario: exige atención a lo esencial de su mensaje y de su persona.
Acoger a Cristo huésped es sobre todo «escucharlo», ponerse en actitud de receptividad, de acogida, más que de dar.