Del Evangelio según san Lucas, Lc 5, 1-11
Para anunciar a Dios es necesario haberlo «conocido». Para conocer a Dios es necesario que Él se «revele».
No podemos alcanzar a Dios con nuestra lógica, encerrarlo en nuestros razonamientos.
La revelación de Dios y su acto soberanamente libre, es una iniciativa suya totalmente gratuita. El hombre no tiene poder sobre Dios. Ahora bien, como el profeta no anuncia una doctrina abstracta, puramente humana, sino el Dios Vivo, es profeta únicamente si Dios se le revela, si lo llama, lo envía. Revelación, vocación y misión están estrechamente relacionadas.
Las lecturas de este domingo proponen un mismo concepto de vocación. Isaías vio la gloria de Dios antes de ser enviado a la misión; los apóstoles tuvieron que ver el cuerpo de Cristo resucitado antes de recorrer el mundo. Los doce, impresionados por la pesca milagrosa, abandonaron las redes para convertirse en pescadores de hombres.
