En todos los colegios de Madre Carmen vivimos el mes de febrero «como tú»


Sé de Quien me fié, fui alcanzada por Dios. ¡Me fié!
Sé de Quien me fié, fui alcanzada por Dios, fui alcanzada por Él.

Sé de Quien me fié, fui alcanzada por Dios. ¡Me fié!
Sé de Quien me fié, fui alcanzada por Dios, fui alcanzada por Él.


A nuestra Madre le pedimos que interceda por todas las obras de apostolado que la Congregación lleva a cabo: colegios, residencias, casa de espiritualidad y misiones.

Rezamos la oración a Madre Carmen desde aquí.


Nadie se atrevería a deshacerla, a no ser por el himno de esperanza que cada grano encierra en su interior.

Así piensa Madre Carmen al ver cómo ha crecido el número de sus hijas desde que llegó a la Victoria. Se acerca el momento en que deben separarse, como los granos de una espiga, porque es necesario florecer en otras tierras.

Castilla con su interminable meseta, será la primera en recibirlas. Se harán cargo del Hospital de San Miguel, en Nava del Rey (ciudad natal de Madre Carlota). En poco tiempo queda preparado lo necesario, y llega la hora de partir. La separación es dolorosa; ¡es tan bella la espiga, tan segura la unidad de sus granos! Madre Carmen las acompañará en su nuevo destino. Antes de salir les habla, les dice muchas cosas a las que se van y a las que se quedan. Su presencia las sostiene.

Es primavera cuando realizan el traslado; entran callandito en la ciudad y la Madre regresa a Antequera sin apenas ser vista. Más tarde… por sus frutos las conocerán.

Madre Carmen se ha fiado y ha sido alcanzada por Dios. Mira al Cielo. Su deseo de enseñar a las almas a conocer y amar a Dios crece, crece y crece. Y se hace realidad en los apostolados de la enseñanza, en el campo de la sanidad y en el cuidado pastoral en distintos campos.




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