… LAS MONTAÑAS.
«El Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, de modo particular, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede borrar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos anima a caminar confiados. Modelo y sostén de este íntimo gozo es la Virgen María, por medio de la cual nos ha sido dado el Niño Jesús. Que Ella, fiel discípula de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y diligentes en la espera. Amén.» (Benedicto XVI)
Y nosotros ¿cómo vamos a vivir este Adviento? ¿estamos dispuestos a reconocer al Señor en la realidad en la que Él se quiera manifestar?
Pidámosle que seamos capaces de reconocerle en los acontecimientos que nos rodean, tanto en los amargos como en los dulces, pues Él vino para estar con nosotros siempre, eternamente.
