VOZ QUE GRITA…

…LUZ QUE ANUNCIA LA PALABRA.


La Iglesia celebra el nacimiento de Juan Bautista, profeta de soledades… Desde el vientre escogido para anunciar al mundo la presencia del Verbo. Él es la personificación de lo viejo y el testimonio de lo nuevo. El Señor mismo lo atestigua al decir «los profetas y la ley han profetizado hasta que vino Juan».

Santificado en el mismo seno de su madre al recibir la visita de su primo que será el mismo Salvador de la humanidad que se ha encarnado en el seno de María.
Cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto.
Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio. 
Su nacimiento profetizó la natividad de Cristo el Señor, y brillo con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo que no hubo entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista. 
La vida de Juan el Bautista nos enseña a cumplir la misión que adquirimos el día de nuestro Bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra y transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida.