VEN, SEÑOR.

…VEN, QUE TE ESPERAMOS

Convocad a todo el mundo,
anunciadlo a las naciones y decid: 
Mirad a Dios nuestro Salvador,
que llega. Anunciadlo y que se oiga; proclamadlo con fuerte voz.
 

La
Iglesia nos alerta con cuatro semanas de antelación para que nos preparemos a
celebrar de nuevo la Navidad y, a la vez, para que, con el recuerdo de la
primera venida de Dios hecho hombre al mundo, estemos atentos a esas otras
venidas de Dios, al final de la vida de cada uno y al final de los tiempos. Por
eso, el Adviento es tiempo de preparación y de esperanza.
«Ven,
Señor, y no tardes».
 Preparemos el camino para el Señor que llegará pronto; y si
advertimos que nuestra visión está nublada y no vemos con claridad esa luz que
procede de Belén, de Jesús, es el momento de apartar los obstáculos. Es tiempo
de hacer con especial finura el examen de conciencia y de mejorar en nuestra
pureza interior para recibir a Dios. Es el momento de discernir qué cosas nos
separan del Señor, y tirarlas lejos de nosotros. Para ello, este examen debe ir
a las raíces mismas de nuestros actos, a los motivos que inspiran nuestras
acciones.